Buenos días:

Llevo algo de tiempo escuchando al personal hablar de los pros y los contras de ir a la huelga, motivos a favor y en contra de movilizarse contra las medidas y reformas del Gobierno.

A veces pienso que la gente ve demasiada tele, lee demasiado periódico y no se para a pensar un segundito. Curiosamente, el PP y el PSOE coinciden en algo: a ninguno de los dos les gusta la huelga. Y eso ya sería un motivo más que convincente para hacerla. Porque cuando estos dos se ponen de acuerdo, algo malo, muy malo, hay detrás.

Muchos dicen que esto no arregla nada, que no sirve, que es inútil. Pero lo que es realmente inútil es la dejadez, el quedarme en casita calentito, a ver si esto se arregla solo o viene un mesias que todo lo pueda y todo lo haga. Lo que es inútil es la tertulia de barra de bar, delante de un café, lamentándote de que todo está muy mal, que esto va a peor, para luego hablar de la Champions o de los morros de Sara Carbonero.

Se argumenta que apoyar la huelga es apoyar a los sindicatos. Es un mensaje que ha calado profundo en el pueblo, y que está desmovilizando al personal, porque nadie quiere apoyar a dos organizaciones que han perdido el rumbo, el norte y la vergüenza torera. Pero es que es falso. Total y absolutamente falso. Me explico:

Yo voy a la huelga por el más de un millón de andaluzas y andaluces que hacen huelga forzosa cada día, sin trabajo y sin visos de tenerlo.

Yo voy a la huelga porque ser andaluz significa tener menos oportunidades que nadie, estar abocado a una educación desastrosa, unas perspectivas de trabajo inexistentes, un futuro, como mínimo, oscuro.

Yo voy a la huelga porque el Gobierno ha reflotado a los bancos pero los bancos no nos reflotan a nosotros.

Yo voy a la huelga por todas esas pequeñas tiendas que van cerrando cada día en mi barrio, por ese comercio que es el tejido industrial mas cercano e importante, el que más genera.

Yo voy a la huelga porque no quiero que el IVA que pago de gasolina, de móvil, de luz, vaya a engrosar las arcas de madrileños, de vascos, de catalanes, y que luego tengan la poca vergüenza, el descaro y la felonía de llamarnos subsidiados.

Yo voy a la huelga por no poder aguantar la mirada de tristeza de esos amigos que todos tenemos, a los que se les acaba el subsidio y no tienen nada para llevar a casa. Nada. Absolutamente nada.

Yo voy a la huelga porque estoy cansado de que nos bajen los pantalones, cansado de que se lleven mis cajas de ahorros, cansado de que me quiten lo mio, cansado de que aquellos que se suponen que son mis representantes no tengan dos huevos u ovarios para defenderme.

Yo voy a la huelga porque soy andaluz, y en este puñetero pais eso es ya de por sí solo motivo más que suficiente para hacerlo.

Y como no quiero que mi presencia sirva para dar mi apoyo a ningún sindicato, llevaré la única bandera por la que siento algo. No será ninguna bandera roja, con ningunas siglas, ni una hoz y un martillo. Llevaré los colores que me identifican, que me señalan por lo que soy y por lo que quiero ser, los que me hacen sentir orgulloso de haber nacido donde lo hice. Llevaré la Verdiblanca.

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