Entre los muchos puntos negros de la economía española se encuentra su deficiente sistema de transporte de mercancías por ferrocarril (la cuota del transporte de carga por tren apenas ronda un exiguo 4% del total).

Es un aspecto que inquieta especialmente al tejido empresarial español, en tanto que incide muy directamente, y no para bien, en la actividad exportadora de las empresas y en su capacidad competitiva. Es por eso que el Gobierno no debería desoír a la patronal CEOE cuando demanda la creación de nuevas infraestructuras ferroviarias y avances en el proceso de liberalización del sector, que se encuentra en el furgón de cola de Europa en este ámbito y a enorme distancia de países como Gran Bretaña, Alemania o Suecia, de los pocos que han hecho los deberes.

La patronal considera prioritario el corredor de alta velocidad que una España y Europa a través de los Pirineos y el eje ferroviario de mercancías entre Algeciras y la francesa Perpignan, además de la construcción de líneas auxiliares para imprimir fluidez al tráfico. Son propuestas razonables y necesarias, como lo es espolear la eficiencia del sistema ferroviario mediante su liberalización real y la ampliación y modernización de sus infraestructuras para contribuir a impulsar la competitividad de la economía, indispensable para superar el hondo bache en que se encuentra.

Vía: Expansión