Estiba, puerto, barco, containers, turnos, garantía de servicio 24 horas, 365 días al año… Afirmar, sin más, que los estibadores son caros es una autentica falacia y decir que un estibador gana la hostia también lo es.

Una falacia consiste en el falso razonamiento que hace una persona para inducir a otra a error. Evidentemente que, últimamente, estamos leyendo en la prensa demasiadas falacias sobre nosotros y con estas letras, pretendemos sólo poner algún "punto" sobre alguna "i".

Muchísimo más caro es, por ejemplo, que una señora pague 50 euros por un corte de pelo en escasos 60 minutos de trabajo o, pagar 110 euros a un fontanero que emplea 35 minutos en reparar en nuestro domicilio una incidencia menor. Ni que digamos de los 150 euros que cuesta visitar el taller oficial para cambiar el aceite con una sencilla revisión del automóvil .

Amén de la escandalosa diferencia de precio entre lo que los "intermediarios" pagan al agricultor y productor por la elaboración de sus productos y lo que nos cobran a los consumidores por un kilo de tomates o de patatas.

También es una falacia atribuir al estibador el 70% del coste del buque en puerto, tal y como últimamente se jactan algunos (se les llena la boca) en los medios de comunicación, aunque eso si, os aseguro que lo hacen sin ningún tipo de rigor a la hora de desmenuzar la cuestión.

Y yo, que creía que estos periodistas de ayer y hoy eran tan buenos y rigurosos, echo en falta ese periodismo científico y analítico que narra realidades con datos veraces y exactos y llega a conclusiones coherentes.

A estas alturas, no le sorprende al estibador (como si fuéramos los únicos que intervienen en la cadena del transporte) la transparencia con la que todos los “actores portuarios” hablan exclusivamente de lo que cuesta el estibador o de lo caro que es.

Sin embargo, lo que si que sigue sorprendiendo al estibador es la celosa opacidad de cómo y cuantas veces se ganan todos esos "actores portuarios" el dinero con el trabajo, la producción y la productividad que nosotros hacemos, y fíjense que el estibador que carga y descarga los barcos no es uno de esos intermediarios logísticos que cobra y vive del ejercicio de “la comisión”.

Pues bien, para que se pueda hablar en igualdad de condiciones con el resto de los actores que intervienen en el tránsito de las mercarías por los puertos, es imprescindible el conocimiento y la cuantificación híper detallada de cada coste que soporta el cargador de la mercancía, el destinatario de la misma y el porteador marítimo que la traslada de un puerto a otro.

También es necesaria una cuantificación híper detallada de cada coste que la empresa estibadora paga a un equipo de estibadores (mano de trabajo contratada durante una jornada) y todos y cada uno de los conceptos que factura después al Consignatario del buque y que éste luego repercute al naviero, más su comisión. También es necesaria una cuantificación híper detallada de la efectividad de ese equipo de trabajo y si ha intervenido durante la misma jornada en uno o más buques y luego cómo factura todo eso la empresa estibadora a los distintos navieros.

Para “mojarnos” todos, se tendría que abrir un análisis comparativo de todos los costes que se aplican al barco, haciendo transparente la opacidad de las empresas para facturar los conceptos y los equipos de trabajo al naviero. Habría que saber con exactitud lo que se nos paga a los estibadores y los conceptos por lo qué se nos paga y luego, habría que saber con exactitud los conceptos por lo que se cobra al naviero y las veces que se cobra y a cuantos. No se publica por ejemplo, cuantos contenedores hay que mover en una jornada y mano para cobrarle al naviero una mano completa. No se sabe como se factura la trinca, ni como se factura un equipo de trinca cuando éste trabaja en dos barcos. No se sabe cómo se factura cuando el mismo equipo de estiba empieza la jornada cargando en un buque que lo termina y continúa en otro buque de la misma naviera o de otra.

No se publica, por poner un ejemplo, el escandaloso ahorro de coste laboral que supone en 2009 el haber movido el mismo número de contenedores que en 2008, pero consiguiéndolo con 60.000 jornales menos.

Joder!!! Qué caros somos, cada vez más caros ¿verdad?

También sería necesario saber cuánto factura la Autoridad portuaria a cada buque en concepto de tasas, y las tasas que cobra a las Empresas Estibadoras por la carga y descarga de mercancías y/o contenedores y la ocupación de superficie, y cuanto facturan éstas después al exportador o al importador por otros gastos diferentes a la estricta operación de carga y descarga. Además, habría que incluir los derechos que cobra el Consignatario del buque al Buque.

Una vez identificados los que intervienen en la cadena de trasporte quedan, sin embargo, las asistencias técnicas al buque como son el Servicio de Practicaje que pilota el buque desde fuera del puerto hasta el atraque y viceversa, el servicio que prestan los remolcadores y los amarradores.

Después de esta pequeña exposición parece bastante osado o atrevido mantener la afirmación, más que intencionada, de que el estibador es el único que le cobra al barco, que además es caro y que es el único que bajándose el sueldo de su nómina puede arreglar el puerto.

Finalmente, tocando directamente el tema estrella de “los trasbordos y sus costes”, tendremos que recordar o aclarar que en la estructura básica del comercio internacional hay un exportador que le vende su mercancía a un importador que vive en otro lugar del mundo a donde hay que transportar la mercancía.

Según la modalidad y las condiciones de la venta, el transporte y sus gastos, todos sus gastos, los soportará o el exportador o el destinatario. Ahí es cuando aparece en escena el naviero que se obliga a llevar la mercancía al destino pactado, incluyendo en el flete o el precio del transporte los posibles transbordos hasta su destino final.

Cuando el naviero hace sus ofertas de transporte conoce con exactitud los trasbordos que ha de realizar y el coste de los mismos. En eso consiste su negocio.

El naviero cuando cobra el flete, el precio del transporte, ya cobra lo que luego tiene que pagar por el transbordo.

Sin embargo, exáctamente el mismo trabajo, esfuerzo, nocturnidad, festividad, frío, calor, lluvia, las mismas hernias discales, lumbalgias, estrés, insomnio, separaciones y divorcios nos cuesta a los estibadores el tráfico cautivo que los trasbordos que, a fin de cuentas, paga un exportador o un importador.



Rafael Beses
Estibador del Puerto de Valencia nº 63277