Captain 'Maersk Alabama' Richard Phillips
  • El "Maersk Alabama" abordado por piratas somalíes llegó al puerto keniano de Mombasa sin su capitán
Los medios de comunicación han convertido la captura y frustrado intento de fuga de Richard Phillips, el capitán del portacontenedores de bandera estadounidense cuya vida pende de un hilo en aguas del golfo de Adén, frente a las costas de Somalia, en el drama de Semana Santa que mantiene en vilo a millones de ciudadanos, incapaces de asimilar la humillación y desafío de un puñado de piratas somalíes que han exigido 2 millones de dólares para liberarlo. En el último episodio de este drama, que tiene como convidados de piedra a dos buques de guerra de Estados Unidos en la zona, Richard Phillips fracasó en su intento por escapar de sus captores. Desde el buque militar Bainbridge, sus oficiales encontraban serias dificultades para explicar por qué fueron incapaces de apoyar al capitán, mientras los piratas lo recapturaban y lo enviaban de regreso al bote salvavidas del 'Maersk Alabama' donde lo retienen y amenazaban con matarle en caso de una intervención directa de las fuerzas armadas estadounidenses. El portavoz del Departamento de Defensa, Bryan Whitman, aseguró que la Marina sigue de cerca la situación y confirmó que junto al Bainbridge está ahora en la zona la fragata Halyburton, que posee misiles y porta dos helicópteros. Al mismo tiempo, en una comunicación telefónica con la agencia Reuters, uno de los cómplices de los piratas confirmó que negocian una recompensa de dos millones de dólares con Maersk Line la naviera del buque. Según esta misma información, los piratas han decidido echar mano de un buque de bandera alemán que secuestraron con tripulación la semana pasada, a fin de utilizarla como escudo humano frente a la concentración de buques de guerra de EU en la zona. “Al saber que los estadounidenses no destruirán este barco alemán con su tripulación extranjera, ellos esperan reunirse con sus colegas en la balsa salvavidas. Nuestros amigos (en la balsa) esperan un rescate de 2 millones de dólares así como su propia seguridad”, dijo el pirata a Reuters. En medio de este drama, que ha conseguido éxitos de audiencia para las grandes cadenas de televisión, el presidente Barack Obama ha preferido guardar silencio. Los intentos de los medios de comunicación por arrancarle una declaración sobre esta crisis han sido en vano, lo que evidencia la decisión presidencial de rehuir un caso de peligrosas aristas que hoy concentra la atención del Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y el FBI, en medio de agónicas negociaciones para conseguir la liberación de Phillips. Desde el inicio de la crisis el pasado miércoles, la Casa Blanca ha preferido que el Departamento de Defensa sea el que cargue con la cruz de un embrollo que podría tener un desenlace fatal para una administración que ha sido acusada por algunos congresistas republicanos de bajar la guardia en tiempos de guerra y anunciar importantes recortes presupuestarios para las fuerzas armadas. En medio de la crisis, los medios de comunicación han decidido montar guardia a las afueras de la casa de Phillips, en la localidad de Uphill, Vermont, con la esperanza de conseguir las primeras declaraciónes de Andrea Phillips, la esposa de un capitán que hoy simboliza las vulnerabilidades de una potencia militar frente a una pandilla de piratas que han hecho de esta actividad una de las más prósperas en las aguas del golfo de Adén. Y para colmo, según han reconocido distintas empresas navieras, sus propietarios desembolsan un total aproximado de 150 millones de dólares anuales para evitar el acoso de unos piratas que se han convertido en una epidemia y que pueden exportar su modelo a otras rutas desde las costas somalíes como una pandemia.