deflación
  • Primera caída registrada desde 1962
  • El secretario de estado de Economía, David Vegara, pronosticó que la inflación española seguirá en tasas negativas hasta después del verano
España se asoma a la deflación, término que responde a una caída pronunciada de los precios durante dos trimestres consecutivos. Los precios retrocedieron durante el mes de marzo en España hasta alcanzar una tasa negativa del 0,1 por ciento, según el indicador adelantado del índice de precios al consumo (IPC) divulgado ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La caída de precios fue impulsada por el pronunciado abaratamiento del petróleo.
De confirmarse esta cifra, esto supondría el primer retroceso de los precios desde hace 47 años, en concreto desde el año 1962, primer año del que se tienen datos homologables. El dato definitivo se conocerá el 15 de abril.

Según el indicador adelantado, en marzo la tasa de inflación interanual bajó por octavo mes consecutivo con un descenso de 4,7 puntos con respecto al mismo mes del pasado año y de 8 décimas en relación al mes anterior. El ministro de Economía, Pedro Solbes, aseguró ayer que aún no se puede hablar de deflación, ya que ésta se produce cuando hay un descenso continuado de los precios durante dos trimestres consecutivos. Los expertos aseguran que la deflación puede ser perjudicial para la economía porque los consumidores pueden aplazar sus planes de compra, ante la expectativa de que los precios sigan bajando, y reducir su consumo. Además, se provoca una espiral en la que los precios pueden bajar aún más para hacer frente a esta reducción de gasto. La deflación, según las teorías económicas, suele ir asociada al deterioro de la capacidad de gasto de las familias y del consumo, y daña a las empresas, socava la inversión e intensifica el paro. Solbes restó importancia al indicativo y señaló que «se trata simplemente de un dato negativo, resultado de la diferente evolución del precio del petróleo con respecto al año pasado». Desde septiembre de 2007 el continuo encarecimiento de las materias primas y del crudo, que elevó el barril de Brent, de referencia en Europa, hasta los 147 dólares, llevaron a que las tasas de inflación se situaran en máximos históricos, hasta alcanzar el 5,3 por ciento. No obstante, desde agosto pasado el precio del crudo ha ido en descenso y en marzo su valor medio fue de 47,3 dólares, menos de la mitad de los 102,9 dólares que costaba un año antes. Cosecuencias positivas

La caída de los precios ha tenido muchas consecuencias positivas para la economía española: el ahorro en la factura energética este año puede llegar a los 18.000 millones de euros. Y el descenso del Euríbor, tras sucesivas recortes en los tipos de interés facilitados por la baja inflación, supondrá una inyección de más de 6.000 millones para las familias que tenían ya hipotecas de tipo variable.

Cosecuencias negativas

Hay principalmente dos consecuencias por las cuales las deflaciones son dañinas en tiempos de crisis económica.

Primero, la deflación aumenta el valor de las deudas en términos reales. Es decir, el peso de las deudas con relación al nivel de precios e ingresos del país se eleva. Evidentemente, una de las peores noticias que puede darse a empresas con dificultades de financiación (casi todas en estos momentos), a bancos que quieren recomponer sus ratios de solvencia y a familias agobiadas por hipotecas, es que el valor de sus deudas aumente por este fenómeno de la deflación.

Segundo, la deflación incita a posponer el consumo y la inversión puesto que cuanto más se espere, más barato se podrá comprar. En estos momentos en el que la crisis financiera ha dado lugar a una caída en picado de la demanda, el aplazamiento del consumo por individuos solventes se convierte en una maldición.