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Los eurodiputados aprobaron ayer miércoles un nuevo paquete legislativo para prevenir y afrontar las catástrofes marítimas en la Unión Europea, presionando a los gobiernos nacionales para que mejoren la seguridad de sus buques.
La Eurocámara adoptó en segunda lectura seis textos legislativos en el que reintrodujo mediante enmiendas el espíritu de otras dos ambiciosas leyes que los 27 Estados miembros de la UE habían dejado de lado en abril pasado. El voto del Parlamento Europeo abre un frente de batalla con los gobiernos nacionales, que deberán negociar ahora un compromiso final sobre el tema bajo presidencia francesa.
Tras las catástrofes de los petroleros "Erika" en 1999 y "Prestige" en 2002, la UE ya había endurecido sus controles de los barcos que navegan sus aguas. El objetivo del nuevo arsenal legislativo, bautizado "Erika III", es mejorar aún más la seguridad marítima europea.
"Por una vez legislamos en frío. Los Estados miembros deben ser racionales para que no se vuelva a decir que Europa es irresponsable", indicó el eurodiputado socialista francés Gilles Savary, a cargo del texto legislativo sobre la responsabilidad financiera civil de los transportistas, dejado de lado por los gobiernos nacionales. "Queremos garantizar el principio según el cual quien contamina, paga", explicó Savary, al criticar el modelo actual por el cual los armadores y quienes fletan barcos tienen una responsabilidad financiera muy baja en caso de accidente petrolero y nulo en caso de catástrofe química.
Tras el voto de la Eurocámara, los ministros europeos de Transporte deberán estudiar de nuevo el paquete completo durante una reunión el 9 de octubre en Luxemburgo. En ese marco, el secretario de Estado francés para Transporte, Dominique Bussereau, buscará convencer a sus socios de "comprometerse" a ratificar las convenciones marítimas internacionales.
Francia forma parte del puñado de países de la UE a favor de más seguridad en el sector marítimo, que disfruta de una larga tradición de libertad en ese aspecto. Sin embargo, para lograr un compromiso, deberá vencer la resistencia de países como Alemania y el Reino Unidos reacios a cualquier avance sobre sus competencias nacionales.
Los eurodiputados quieren, por ejemplo, que todos los barcos sean inspeccionados en los puertos. En ese sentido, cada navío tendría un perfil de riesgo, que determinaría la frecuencia de esas inspecciones, y los barcos más antiguos podrían sufrir una prohibición definitiva para navegar por las aguas europeas.