El practicaje es una de las instituciones más antiguas del Derecho Marítimo. Actualmente se constituye como un servicio público de la navegación. Los prácticos prestan su servicio al Estado en la entrada y la salida de los puertos y otros lugares que debido a las necesidades en la seguridad se hacen necesarios. Esta necesidad se justifica porque por muy detallados que sean los portulanos y derroteros nunca podrán expresar los detalles que en un momento determinado pueden llegar a ser de importancia capital, además de las variaciones y eventualidades que pueden surgir en la costa y en las condiciones particulares de cada puerto. Refiriéndonos a la etimología de las palabras piloto-práctico provendrían del holandés “peilen” que significa medir y “loot” cuyo significado es escandallo, que hacen referencia al navegar por lugares difíciles con la sonda siempre a mano, con el objeto de tener constancia permanente de la profundidad del agua bajo la quilla del barco. Exceptuando a España que usa la voz “práctico”, el resto de naciones usa la conocida expresión “piloto” en sus diferentes modalidades idiomáticas. En el ámbito marítimo atlántico del siglo XVI surgen las Leyes de Wisby que contemplan la figura del práctico de una manera arcaica. Estas leyes , entre otras cosas, contempla la existencia de unos pilotos costeros denominados “lentsman” que se comprometen a conducirlo al lugar de su carga o descarga hasta o desde las cadenas del puerto, desde la cual es correspondiente al patrón y los marineros. El gasto del practicaje corre de cuenta de los mercaderes propietarios de la mercancía. En el Derecho Marítimo francés de la segunda mitad del siglo XVI nace el “Guidon de la Mer” que regula el servicio de practicaje distinguiendo entre los “pilotajes” que son los derechos de los prácticos que toman los maestres de navío al entrar o salir de las radas o pasando costas peligrosas y el “lemanaje” que hacen los barcos que van al encuentro de las naves y las ayudan a entrar en los puertos. Habrá que esperar hasta la posterior Ordenanza de la Marina Francesa de 1681 donde encontraremos una regulación especifica para los prácticos en el Título III del Libro IV dedicado a la “Policía de puertos y costas”. En este momento ya se distinguen plenamente el piloto de la navegación que dirige la ruta de los pilotos prácticos o “locmans”. Estos últimos deberán superar ciertas pruebas y su función será conducir los barcos dentro y fuera de los puertos así como en las vías navegables. Desempeñar las funciones de práctico sin autorización será castigado con penas corporales. Llegando al ámbito mediterráneo del siglo XVII podemos observar la pragmática de 1 de Septiembre de 1697 de la Isla de Malta, que dedica su Título V a “pilotos , naocleros y vigías” y establece como amplias obligaciones de los primeros disponer la partida de la nave, vigilar durante toda la singladura , imponer órdenes al naoclero y serviola cuando sea preciso tocar fondo , levar anclas , plegar o cambiar las velas y variar las rutas. Llegando a España e influidos fuertemente por la Ordenanza francesa de 1681, están las Ordenanzas Generales del Consulado de Bilbao de 1737, que contemplan al piloto como segundo oficial de la nave o como piloto lemán o de costa, si bien es cierto que el Consulado vasco ya había reglamentado la materia con anterioridad en la Ordenanza de Pilotos de 1561, la de 1596 sobre retribución de los pilotos, la de 1612 sobre pilotos lemanes y la de 1681 sobre aranceles. Se entendía por pilotos lemanes o de costa a los “encargados de entrar en el puerto las naves que se presenten hasta ponerlas en el surgidero acostumbrado así como a sacarlas hasta la barra cuando hayan de salir a la mar” a cambio de ciertos emolumentos. Con la llegada de la codificación , el práctico apenas se menciona en los Códigos de Comercio del siglo XIX debido a que su cauce normativo están orientadas en leyes especiales que tratan la organización administrativa del servicio más que a los aspectos jurídicos. En suma , la privatización del Derecho marítimo se manifiesta en la ubicación fuera del Código de dos contratos auxiliares del transporte marítimo: el contrato de remolque y el contrato de practicaje. El C.C. de 1829 hace pocas alusiones al practicaje. En el vigente Código de Comercio de 1885 tampoco se regula ni la figura del práctico de puerto ni el contrato de practicaje, pues tan sólo se introducen unas pocas menciones sobre la obligación que tiene el capitán de pedir práctico en los puertos (art. 612.2), sobre la consideración de los gastos de practicaje como avería simple (art. 807) o sobre el supuesto de abordaje con práctico a bordo(art. 834). Los precedentes modernos de la normativa administrativa sobre el práctico y el servicio de practicaje se localizan en las Ordenanzas Generales de la Armada de 1793 complementados por las Bases Generales aprobadas por R.O. de 11 de Marzo de 1886, las cuales dieron una nueva configuración al servicio. Según el R.O. de 12 de Noviembre de 1906 se entiende por practicaje “el acto de conducir o guiar un barco al fondeadero y dejarlo anclado en él o viceversa”. Más tarde , la Ley de Comunicaciones Marítimas de 14 de Junio de 1909 dispuso la reforma de la legislación de practicajes y amarrajes. El R.D. de 13 de Octubre de 1913 estructura la ordenación general del servicio de prácticos , haciéndoles responsables de la derrota de la nave desde que la abordan hasta que la dejan fondeada en sitio conveniente , al tiempo que se les obliga a indicar al capitán los rumbos que debe seguir para conseguirlo. Tal reglamentación fue sufriendo posteriores modificaciones hasta cuajar unas condiciones mínimas y comunes para todos los prácticos de puerto con la Orden de 18 de Noviembre de 1932. El Reglamento General de Practicaje de 4 de Julio de 1958 vino a refundir la dispersión de la codificación. Esta ordenanza estuvo vigente hasta hace poco. Por fin, la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante de 24 de Noviembre de 1992 (arts. 102 a 104) y el Reglamento General de Practicajes de 1 de Marzo de 1996 vienen a hacer un nuevo planteamiento normativo del práctico y del contrato de practicaje.