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Los ministros de Transporte de la UE tuvieron una última reunión este lunes por la tarde en Luxemburgo para intentar imponer a sus flotas marítimas un respeto por las leyes de navegación internacionales, que no prosperó por la oposición frontal de la mayoría de los Estado miembros. El comisario europeo de Transporte, Jacques Barrot, reprochó las reticencias de la mayoría de los países europeos, advirtiéndoles de que la opinión pública les exigirá respuestas en caso de una catástrofe. '¿Es necesario esperar catástrofes marítimas para actuar?', preguntó Barrot a los ministros reunidos en Luxemburgo. Algunos de los Estados de la Unión Europea -Grecia, Malta y Chipre- tienen buques que enarbolan su pabellón pero escapan a su control. Los pabellones de conveniencia, que navegan en los mares de todo el mundo, no siempre siguen las reglas internacionales de seguridad, además de tener a veces tripulaciones poco cualificadas y mal pagadas. Por ello, la Comisión Europea, en guerra contra los 'barcos-basura' y la falta de transparencia jurídica del transporte marítimo mundial, quiere poner orden en las flotas de la UE. En ese contexto, Barrot instó a todos los países miembros de la Unión a ratificar las convenciones de la Organización Marítima Internacional (OMI) además de respetar y hacer respetar las obligaciones de los Estados sobre su pabellón. El Comisario Barrot quiere además hacer obligatorias algunas recomendaciones facultativas de la OMI, organismo especializado de las Naciones Unidas como por ejemplo la opción de someter los pabellones a 'auditorías de calidad'. El nivel de seguridad efectiva y la prevención de la contaminación provocada por los navíos varía en forma considerable de un Estado a otro, criticó la Comisión Europea. Después de que Barrot había obtenido el apoyo en primera lectura del Europarlamento, no logró en cambio convencer a los ministros de las virtudes del nuevo paquete de medidas sobre seguridad marítima, llamado 'Erika III' del cual forman parte siete iniciativas legislativas, de los cuales dos fueron tumbadas. Al final de quince reuniones preparatorias, sólo cuatro países Francia, Italia, Bélgica y Bulgaria querían que los buques con pabellón europeo fueran forzados a respetar todas la reglas marítimas internacionales. Por su parte, España, que sufrió la catástrofe del 'Prestige' en las costas gallegas en 2002 con el vertido de 77.000 toneladas de petróleo se somete a las reglas de la OMI, que permite a sus miembros elegir 'a la carta' las medidas a adoptar.