Federico García Lorca amarrado
La sociedad que conocemos, las comodidades de la vida moderna, son posibles gracias al transporte de mercancías por mar. El comercio internacional, indispensable para la vida humana, se nutre de la savia que pasa todos los días por las líneas marítimas y los puertos. El desarrollo tecnológico ha permitido a los puertos cubrir su función de manejar grandes y pesadas cargas de una manera eficiente. Mucho ha cambiado en los muelles durante los últimos años. Prácticamente todo, menos los norays y los portuarios.
¿Qué sería de los barcos si no contaran con el noray? La utilidad de esa pieza donde se fijan las amarras deriva de su firmeza. Si el noray fuera endeble, el barco se iría al garete. De la misma manera, también los estibadores somos firmes para ser útiles. Nuestra debilidad mandaría al comercio a la ruina. Los estibadores sabemos que el paso de las mercancías por los puertos con seguridad y rapidez necesita profesionalidad. Manejar complicada maquinaria, mover y distribuir enormes y pesados contenedores no lo puede hacer un trabajador sin preparación. Esta tarea exige conocimientos y organización operativa. Esta es la alta responsabilidad que asumimos los estibadores. Una y otra vez, incansables en la codicia, algunas aisladas iniciativas empresariales, secundadas por ciertos políticos sin otra justificación que la ignorancia o el interés sospechoso, se empeñan en arrojar a los estibadores profesionales de los puertos. Con el inconsistente argumento de la defensa de la competencia, algunos elementos de la administración pública y solitarios empresarios repiten el intento de que el trabajo de la estiba lo desempeñe mano de obra sin la necesaria capacitación. Su razonamiento resulta tan inconsistente como afirmar que cuando un taxista conduce un taxi o un ingeniero construye un puente están atentando contra la libre competencia, porque -según esta falaz teoría- cualquier actividad debería estar abierta a todo el mundo, con independencia de la calificación profesional de cada uno. Cuando, como un noray, los estibadores nos mantenemos firmes en nuestras posiciones, no solamente pensamos en nosotros, sino también en la sociedad. Nuestra defensa inamovible ampara, tanto nuestros legítimos derechos profesionales y laborales, como, con mucha preocupación ciudadana, el interés de la gente, del comercio, de la economía. Conscientes de la responsabilidad que tenemos, los estibadores hemos contribuido con nuestra preparación y con nuestro esfuerzo al desarrollo de un sistema de organización de los trabajos portuarios que ha demostrado su efectividad. En un clima de colaboración y entendimiento, sin confrontaciones gratuitas, en una paz social portuaria que dura ya más de veinte años, las empresas y los trabajadores de la estiba hemos llevado a este sector a unas tasas de crecimiento excepcionales en los registros económicos europeos. Con esta bonanza nos beneficiamos todos. Las empresas incrementan sus beneficios. Los trabajadores, con nuestra productividad, obtenemos ingresos justos, y, por encima de todo, la sociedad en general mantiene constante el abastecimiento de las mercancías que precisa al menor coste posible. Sin embargo, sobre esta paz laboral portuaria, este clima de colaboración organizativa, se ciernen las amenazas de desestabilización causadas con obcecación por una poca gente que ignora lo peligroso de sus acciones. Pero tengan los tinerfeños y las tinerfeñas la seguridad de que los estibadores portuarios nos mantendremos firmes como un noray para evitar que se perjudique la calidad del servicio portuario que merecen Tenerife y Canarias. Es un derecho y un deber para cualquier profesional vigilar que no se le impida cumplir la función para la que se ha preparado y en la que mejor puede servir a la sociedad. Por eso los estibadores somos firmes como un noray. Para poder ser útiles.
Antonio Rodríguez Fuentes -Estibador de Tenerife. Miembro del Comité de Empresa de SESTIFE