HELMEPA
La flota mercante mundial va a tener que atacar de frente la reducción de sus emisiones por el efecto de invernadero, al menos equivalentes a las de la aviación civil, aunque no haya optado aún por la adopción de reglas obligatorias, constatan los expertos. Cuando el calentamiento climático entra en la agenda de los países del G8 en la cita que arrancó este miércoles, la contribución del transporte marítimo a este fenómeno, estimada entre el 2% y el 4% de las emisiones totales, supera la "de la mayoría de los países firmantes del protocolo de Kioto", según un reciente informe del Consejo Internacional para los transportes limpios (ICCT), un grupo de expertos norteamericanos. Sin embargo, en tanto que actividad transfronteriza, la marina no está cubierta por el protocolo de Kioto. La aviación civil internacional, que se encuentra en el mismo caso, con emisiones cifradas en un 2% del total, empezó a estudiar las maneras de reducir su capacidad de perjuicio. Los armadores, y en primer lugar los griegos, dueños de la primera flota mundial, "esgrimieron mucho tiempo el argumento de que los barcos serían los medios de transporte menos contaminantes, habida cuenta de los volúmenes transportados", afirma a la AFP Achilleas Plitharas, de la sección griega de la ONG ecologista WWF. "Pero ya no basta, cuando el auge del comercio mundial, que en un 90% se realiza por mar, hace que el planeta esté surcado cada vez por más barcos", añade. Más que las características de los motores, los expertos señalan el carburante marítimo, tan barato como execrable. El funcionamiento de las máquinas en los muelles y el almacenamiento de carburante en los petroleros generan igual de emisiones contaminantes. Mientras que el puñado de normas adoptadas laboriosamente por el sector sobre las emisiones de dióxido de azufre (SOx) se han quedado viejas en menos de tres años de vigencia, la Comisión Europea muestra cierta impaciencia. Sus servicios indicaron en abril que estudiaban medidas para proponerlas de aquí a fin de año y que contemplaban la inclusión de la marina en el sistema de comercio de las emisiones. Ante esta iniciativa unilateral, la Organización Marítima Internacional (IMO), que los armadores consideran única competente en un mercado a escala mundial, excluye por su parte cualquier medida precipitada y dejan las decisiones para después de 2010. Para su secretario general, el griego Efthimios Mitropoulos, la agenda empieza por una profundización científica de la cuestión, vía la creación de un grupo de trabajo que reúna a expertos, políticos y profesionales. "El problema es que por ahora no existen medios de cálculo afinados de las emisiones, y pueden variar mucho incluso con barcos idénticos, según el clima de las zonas recorridas y la naturaleza de la carga", afirma a la AFP Stelios Volakis, de la Asociación para la Protección del Medio Ambiente Marino (Helmepa), financiada por armadores griegos. A las dificultades técnicas se suma la buena voluntad que escasea: menos de 400 barcos aceptaron participar en un sistema voluntario de evaluación de las emisiones propuesto por el IMO, "y no es mucho", admite.