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Cruzar el Estrecho a través del puerto de Algeciras con tarjetas de embarque emitidas a nombre de otra persona y, además, beneficiarse de la subvención del 50% para residentes sigue siendo un juego de niños. Igual que embarcar con un coche en alguno de los buques que operan este trayecto sin atravesar ni un control policial y sin que un solo miembro de los Cuerpos de Seguridad del Estado te mire a la cara o revise tu documentación. Y todo esto ocurre a pesar de que a finales de 2006 la Delegación del Gobierno reconoció que, según los datos recogidos tras la intensificación de los controles de identidad en el puerto de la ciudad, el 60% de los viajeros de la línea viajaban con billetes emitidos a nombre de residentes para ser usados por otros. Aunque lo más grave, a juicio del diputado ceutí Francisco Antonio González Pérez, es que la «barra libre» del transporte en el Estrecho sigue abierta a pesar de las amenazas directas vertidas por altos mandos de Al Qaeda sobre Ceuta y Melilla. Desde que se activó el nivel 2 de alerta antiterrorista en toda España con motivo del juicio del 11-M, González Pérez ha acusado en reiteradas ocasiones al Gobierno de no ser capaz de garantizar la seguridad en ambas ciudades. «Tras las amenazas el Gobierno no ha respondido como le han exigido hasta los sindicatos policiales», critica el parlamentario ceutí, quien también advierte del «grave perjuicio económico» que podría causar a la ciudad autónoma «el clima de tensión». Según sus denuncias, aunque en Ceuta la dotación policial se ha reforzado y ha aumentado el número de efectivos en varios departamentos, a juicio de González Pérez «en el puerto de Algeciras se sigue echando en falta más vigilancia», máxime si realmente se han «tomado en serio» las informaciones que apuntan a que un atentado en un barco sería «el sueño» de Al Qaeda. Este fin de semana, LA RAZON tuvo la oportunidad de constatar directamente lo exiguo de la vigilancia policial sobre la línea marítima. Como se practican «controles aleatorios» de identidad y para prevenir contratiempos, lo mejor es adquirir los pasajes en una agencia de viajes, que sólo toman dos precauciones :que el sexo del pasajero corresponda al del fiador de identidad y, dada la pluralidad social local, que un rubio de ojos azules no vaya a recibir un pasaje con nombre árabe. Con el billete se puede optar por embarcar a pie o en vehículo. A pie los controles son más rigurosos. En un vehículo (la opción escogida) es mucho más sencillo. En taquilla, el empleado toma los billetes y entrega las tarjetas de embarque. Las amenazas y agresiones «frecuentes», según los sindicatos, y «esporádicas», según Delegación, que los trabajadores de las navieras padecen cuando se niegan a aceptar tarjetas a nombre de otro individuo, «no invitan precisamente a ser demasiado exhaustivos», según fuentes del personal. Desde Ceuta, el pasajero embarca con identidad falsa pese a que un policía nacional pide la documentación de los ocupantes del vehículo. Ya en la península, la Guardia Civil registra aleatoriamente los vehículos que salen del puerto. De regreso a Ceuta, un puesto de vigilancia de la Guardia Civil sirve de pórtico a los terrenos de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras. Nada. Los efectivos se afanan en la inspección de un camión. Adelante. A falta de 40 minutos para la salida del último ferry del día, una pequeña hilera de vehículos aguarda la apertura de las taquillas. Diez minutos antes de salir, otro empleado entrega las tarjetas de embarque para el viaje de vuelta. Justo debajo de su ventanilla hay un cartel de Capitanía Marítima local que «recuerda» a los viajeros la obligación de presentar su documentación oficial para ser cotejada.