Al filo del muelle despúes de zarpar de la isla Verde
El cambio climático derretiría las capas del hielo ártico. Con ello se abrirían nuevas y atractivas rutas para el tráfico marítimo. Las consecuencias serían devastadoras. De seguir el cambio climático el curso que lleva, los hielos eternos del Artico podrían desaparecer en las épocas de verano. A corto plazo. Para mediados de este siglo, la humanidad podría disponer de nuevas y más ágiles rutas marítimas. Y teniendo en cuenta que América fue descubierta gracias a la búsqueda de rutas más cortas y más económicas, está claro que las que ofrezca el Artico serán utilizadas. Un desastre tras el gran desastre. Investigadores de todos los campos de las geociencias reunidos del 15 al 20 de abril en Viena explicaron la amplia gama de horrores que traerá consigo el calentamiento global. Entre esos está el deshielo del Artico. Y la apertura de nuevas rutas. La comunidad científica previene desde ya de la proliferación de tráfico marítimo, pues el efecto de las emisiones de los barcos cargueros, a través de la, hasta ahora, intacta región helada, sumaría un desastre más al gran desastre. En el congreso de Viena, según información difundida por la emisora Deutschlandfunk un equipo internacional -con investigadores de Francia, Alemania y Estados Unidos- ha presentado modelos de lo que sucedería en el Artico de existir el pasaje noreste y noroeste y de ser éste intensamente utilizado por los barcos. El panorama es abrumador. Karsten Smid, experto de Greenpeace, explicó a DW-WORLD el porqué de que de esta situación: 'En el combustible de los barcos se encuentra un aceite riquísimo en azufre. Las emisiones de su combustión semejan a las que habría en una incineración de residuos especiales. El tráfico de barcos es hoy en día para los puertos una de las mayores fuentes de sO2, del dióxido de azufre. Y para las emisiones de efecto invernadero, el tráfico marítimo aporta entre un 2% y un 3% a nivel global. Igual que con el tráfico aéreo, los acuerdos internacionales siempre han estado definidos por Estados; debido a que tanto barcos como aviones rebasan las fronteras, ambos se han podido sustraer de cualquier regulación. Por ello no se encuentran contemplados en el Protocolo de Kyoto, por ejemplo'. El horror calculado. Más aún: El hollín que resulta de la combustión del gasóleo de los barcos contiene óxidos nítricos fotoquímicamente activos, que son la sustancia previa al ozono. Y el ozono es dañino para la flora. No suficiente con eso, el ozono tiene larga vida y se reparte: de producirse sobre el Artico, en Alaska y Siberia llegaría bastante lejos afectando, más aún, amplias zonas del planeta. Por su parte, los dióxidos de azufre incrementan la acidificación y con ello la lluvia ácida. Científicos del Instituto Max Planck para Meteorología de Hamburgo han calculado que la carga de ozono que habría en ese caso en el Artico sería tan alta como la que existe en las zonas industriales más polucionadas de Alemania.Se derritan los hielos del Artico en verano o no, está claro que antes de que el horror llegue a su extremo habría que regular el asunto. Obviamente y debido a que esto supone acuerdos internacionales, el camino de este tipo de propuestas va cuesta arriba. 'Hasta eso, cada barco en el mar es una gran chimenea de quemar basura tóxica', asevera Smid. Es decir, si no se consigue imponer combustibles limpios para los barcos; si el calentamiento global derrite la capa de hielo del Artico en el verano; si los barcos usan los nuevos pasajes abiertos… la sobrante capa de hielo tendrá, en los inviernos, más bien el color del hollín.