[La entrevista se hizo antes del caso del ‘Samothraki’]
¿Qué medidas toma la división frente a ese permanente amenaza que representa el continuo trasiego de buques gasolinera por el Estrecho?
–Como accidente que fue, es difícil evitarlo. Es una contingencia. Son cosas que, por desgracia, ocurren. Eso se responde a través de los planes de contingencia, que según la experiencia internacional es lo que mejor funciona. En el caso español, en el caso de Andalucía, la Junta trabaja en un sistema territorial de respuesta a una contingencia que está ya muy desarrollado. Por la parte nacional, se va a empezar a trabajar en un sistema nacional de contingencias, de respuesta, de lucha contra la contaminación en la ribera del mar. No pretende sustituir a ninguno territorial. Intenta ser supletorio para que, cuando la magnitud de las catástrofes supere ciertos umbrales, por un lado, o supere el ámbito territorial, por otro, se pueda activar, de manera que coordine actuaciones y que, sobre todo, aporte medios. Que ordene los procesos. Los planes tienen que analizar los riesgos existentes y, por otro, la vulnerabilidad de los ecosistemas y del medio en general. Y, a partir de ahí, disponer de los recursos. Hay un primer nivel local, cuando la contingencia es en un polígono industrial o en un puerto, hay otro más provincial, otro regional o autonómico y otro nacional. Por otro lado, está la respuesta en mar, en marcha a través del plan puente de Sasemar . Se han comprado medios para la lucha contra la contaminación en mar y en tierra. Todo eso se va imbricado y en realidad ya se está poniendo en práctica. Se está respondiendo. Se trata de tenerlo más sistematizado y más automatizado. Lo que realmente importa es quién ejerce el mando para poder disponer de los medios con total rapidez.–¿Estamos mejor preparados ante un ‘Prestige’ o un ‘JP Bobo’?– Creo que sí, porque la experiencia del Prestige dio paso a conocer una situación crítica en la que se desarrollaron muchas experiencias. Desde Costas, sobre todo. Al final se ha ido fraguando en un conocimiento de todos los actores que se está plasmando en manuales de limpieza de zonas arenosas, rocosas, de tratamientos de aves y animales afectados. Hay capacidad de responder que se va generando y se va ampliando.–¿Van a hacer algo frente a la actitud de Gibraltar respecto a las gasolineras flotantes?–Eso es un tema de Exteriores. –¿Desde cuando viene funcionando esta división de Costas?–Funcionalmente, desde 2000. De forma ministerial, desde 2004.–¿Cuáles son sus objetivos?–La integración de la cuestiones ambientales dentro de la política general de Costas, que tiene cada vez un mayor peso. Llevamos todos los asuntos de relaciones internacionales, los convenios internacionales de protección del medio marino [el Convenio Ospar (Oslo-París), en el ámbito geográfico del Atlántico Noreste, y el Convenio de Barcelona para la protección del Mediterráneo y el Convenio de Londres, sobre la protección ambiental frente a los vertidos al mar], de desarrollo de directivas de aplicación a aguas costeras y al medio marino, toda la coordinación con las comunidades autónomas y las confederaciones para desarrollar las exigencias que plantea la Directiva Marco del Agua en cuanto a objetivos de calidad. También estamos acudiendo a temas que lleva la Organización Marítima Internacional.En lo nacional, coordinamos los aspectos ambientales, fijamos criterios en los que hay gran demanda. La Directiva Marco del Agua, del año 2000, que se traspuso al ordenamiento jurídico español en 2003, es una directiva integradora en la que confluyen las aguas continentales y las subterráneas, las costeras y de transición como una unidad única de gestión. Todo eso se tiene que hacer desde las confederaciones hidrográficas ampliando el ámbito de actuación a aguas costeras y de transición, que quedaban fuera. Todo esto supone un ejercicio muy grande, con dificultades, porque en aguas costeras y de transición hay una concurrencia competencial de diferentes administraciones.
Juan José Marqués