Atún rojo o cimarrón
¿El calentamiento global ha terminado por trastornar por completo el tiempo meteorológico del mundo?
Cantidades importantes de anchoa o atún rojo en el Norte de Europa, presencia más abundante de pez serrucho en la Costa Vasca, plancton antes más propio del Golfo de Vizcaya en aguas escocesas... Aunque hasta el momento sus efectos no son muy relevantes, el calentamiento del planeta y su incidencia directa sobre la temperatura de los océanos está provocando ya, durante los últimos años, algunos cambios en los núcleos de distribución de algunas especies marinas. Consecuencias del cambio climático que irán dejándose notar con los años y que, a medio o largo plazo, plantearán un dibujo diferente de la actual composición de los mares. Así lo constatan los movimientos que distintos expertos vienen observando desde hace tiempo en la superficie oceanográfica. No se trata aún de grandes variaciones, pero sí de modificaciones significativas. "Está cambiando la distribución de algunas especies. Encuentran zonas habitables más al norte y se expanden hacia esos lugares, aunque sin dejar de estar en los lugares en los que ahora habitan. No es que emigren de un sitio a otro, sino que tienen más presencia que antes en lugares más lejanos a su centro de distribución", asegura Xabier Irigoien, coordinador de Oceanografía Biológica y Ecología de Azti (Centro Tecnológico especializado en Investigación Marina y Alimentaria). En otras palabras, encuentran un mayor acomodo en regiones hasta ahora menos acordes a sus características y más próximas a los polos (ártico en el caso del hemisferio norte y antártico en del sur), pero sin cambiar su núcleo de estancia. "Una especie que tenga su límite norte de distribución en el paralelo 50, ahora puede tenerlo en el paralelo 54. Pero eso no significa que abandone el paralelo 50. Se trata, más bien, de una expansión del hábitat", explica Irigoien. Aclara que este tipo de desplazamientos no está teniendo mucha repercusión en el Norte de España, dada su condición de "zona intermedia", con la mezcla de especies tanto de regiones más septentrionales como meridionales. "Aquí la aparición o desaparición de especies es poco probable, en todo caso tendríamos que hablar de un cambio en los porcentajes de las mismas. Al no estar en una zona extrema, los posibles cambios son menores", afirma. Expone, a modo de ejemplo, la situación de la anchoa, que tiene en aguas vascas su centro de distribución. "No es que se esté yendo de aquí a otros sitios, sino que ahora se deja ver más en el Mar del Norte, donde antes aparecía poco. Pero aquí sigue estando igual", señala, para extender esa realidad a otras especies como el atún rojo, que estos últimos años ha incrementado su presencia en el entorno de las Islas Feroe. Según precisa, todas las especies pueden estar protagonizando este tipo de movimientos, pero es más fácil que suceda con aquellas que forman parte del plancton, por su condición flotante. Los cambios, por otro lado, no tienen visos de cesar, dado el aumento de la temperatura de los océanos pronosticado para los próximos años. "Todo esto sucede por el calentamiento del agua. Especies que tienen su límite de supervivencia en un determinado nivel de grados centígrados llegan ahora más al norte. Y es previsible que la situación siga cambiando a medida que se caliente el agua", destaca, que no cree, en cualquier caso, que esos cambios vayan a ser demasiado radicales en el corto plazo. De confirmarse esta premisa, la afección será menor para los sectores implicados, con especial mención para la pesca. Irigoien asegura, no obstante, que es muy difícil prever hoy las consecuencias que estas variaciones pueden tener a futuro para los arrantzales. "En las zonas extremas, en el Ártico y el Subártico, es más fácil observar los posibles cambios y constatar, por ejemplo, que en algunas zonas el bacalao ya no puede vivir porque la temperatura del fondo del mar es demasiado alta. Pero en una zona intermedia como la nuestra es mucho más difícil decir nada, porque es una zona templada en la que hay pocas especies que vivan en el límite de su distribución", subraya. Considera, en cualquier caso, que el peligro más inmediato para esta profesión no se encuentra en el calentamiento del agua. "La pesca tiene muchos peligros que no son el cambio climático. Los arrantzales son los primeros en constatar que hay cambios, pero también tienen otros motivos de preocupación más inmediatos. El cierre de la pesquería de anchoa, los stocks casi colapsados, la sobrepesca... Es prácticamente imposible de decir en estos momentos, pero de aquí a diez años el peligro inmediato no parece ése", sostiene. A más años, eso sí, la variación se prevé más importante y, según adelanta, requerirá de una rápida adaptación pesquera. "En este momento no es obvio, pero puede ser que haya cambios y que la pesca se tenga que adaptar a otro tipo de productividades más bajas o más altas. Estamos hablando de un cambio en la distribución de la fauna marina y, como en todo cambio, habrá que adaptarse. Pero, si aprendes a adaptarte bien, no tiene por qué ser negativo. Y menos en Euskadi, donde no es obvio que ninguna especie llegue a su límite", señala. Agrega, en ese sentido, que la influencia del cambio puede ser, incluso, positiva. "¿Por qué no? Quizás empieza a haber alguna especie que es más cara, o se produce un cambio de corrientes que favorece las condiciones.... No son cambios predecibles inmediatamente, pero no tiene por qué ser implícitamente negativo", concluye. Las consecuencias del cambio climático no dejarán de lado a los océanos y sus especies. Cuestión de tiempo será ver cómo se traducen esos efectos, pero las variaciones, aunque pequeñas, ya se están produciendo.